lunes, 26 de agosto de 2013

Yo también quiero ver a Cristina en la vida real


Los padres siempre, aunque intentemos que no, utilizamos a nuestros hijos para algo. Unos más jodidos, los ponen de trofeo ante un divorcio; otros más pavos, los llevan a un casting de tv aunque el infante no sabe bien dónde ni para qué está; o lo obligan a ganarle y destrozar a su amiguito en un torneo de tenis, o a tocar el piano y triunfar como no les sucedió a ellos.

Yo no los uso para superar mis frustraciones, sólo los uso para ver si llego a conocer a Cristina en la vida real.

Los adultos también tenemos derecho a conocerla, no nos conformamos más con verla por la tele.

Desde que el nenito hermoso y tierno y gracioso y tenaz pidió ver a Cristina en la vida real y ella lo recibió junto con su familia, me la paso filmando a mis hijos, esperando que hagan una monería, una monería montonera dentro de lo posible, montonera y graciosa que llame la atención de Cristina para que quiera conocer a uno de mis hijos en la vida real. Un pasito de baile, un malabar con el bastón del mariscal, no sé. Algo.

Cada mañana al abrir mi casilla de correo me ilusiono con encontrar un mail de Scoccimarro que diga: “La Señora Presidenta está deseosa de conocer al niño montonero, ¿usted es la madre?”. Espero todavía, ansiosamente, que la canaleta de facebook o youtube me arroje en Balcarce 50, porque yo también tengo derecho a ver a Cristina en la vida real. Recontra ufa.

 

miércoles, 21 de agosto de 2013

Mis frustraciones II. Tachame el batero


Ya está. No voy a ser estrella de rock. Lo tengo acá, atragantado.

Pero no importa, hace un tiempo me hice cargo de eso, de lo que ya no voy a ser. Entonces un día, sin darme cuenta, en el medio de un recital, ya no pensé en romper la guitarra contra un parlante, no quise saludar a los gritos y despeinada a Buenos Aires, no pensé que fuera una linda noche para fumarse un porrito, y sentí que quizá lo mejor sería tener un novio roquero, para vivirle la vida, para consumirle la energía, para sentir el rock desde adentro. Rock, quiero consumirte tu rock, nene. Ahora.

Me gusta el baterista, le digo a Paula, que estaba por casualidad a mi lado y que tenía bastísima experiencia en el campo musical. Yo lo ignoraba.

-Baterista no. Nunca, me dijo.

-Por?

-Si te vas con el baterista tenés que esperar que desarme la batería. Guarda cada cosita en su lugar, platillos, bombo, caja, todo. Después de guardarlo todo hay que cargar en el flete. De ahí te vas en flete a dejar las cosas a la sala de ensayo. De ahí un taxi hasta la casa del batero, que seguramente -salvo que te levantes a Charly Alberti- vas a tener que pagar a vos. Recién a esa hora, si tenés suerte y no tomó mucha merca, por ahí te coge. No te diste cuenta y se hicieron las 6 de la mañana. Baterista no, nunca.

-Ok, ok, me convenciste. Tachame el batero.

 

martes, 20 de agosto de 2013

Mis frustraciones I

En la vida cotidiana ni me acuerdo, pero cada vez que voy a un recital me da tanta bronca no haber sido roquera. No sé, en cuanto se apagan las luces y arranca la banda a tocar me da como una cosa acá, que me queda atragantada. Y me frustro porque me re veo ahí, sobre el escenario, con mis pantalones de cuero y mi cinturón con tachas, saludando despeinada a Buenos Aires. Buenas noches Buenos Aires. La gente grita, aúlla. Desespera. Y yo arranco, Sol, Do, Mi, un solo zarpado. Mortal. Se me acelera el corazón. Soy rock. Yo soy el rock.

Pero no, no sé tocar ningún instrumento, ni cantar, no tengo amigos del palo, estoy muy lejos, cada vez más, salvo cuando voy a los recitales que se me despierta esa estrella que llevo adentro, acá, debajo de lo que me queda atragantado cuando me doy cuenta de que no, que tengo 35 años, soy periodista, no sé tocar ningún instrumento y el 90 por ciento de mi ropa tiene puntillas o volados, que ya está, que en esta vida no voy a ser estrella de rock, y me queda acá, atragantado. Y me frustro otra vez.

viernes, 9 de agosto de 2013

Con los pochoclos no

“Los jueves no me los puedo llevar más”, dice el mensaje. Lo escribió el padre de mis hijos. No se los puede llevar más porque se ofendió conmigo. Sí, como se ofendió no se los lleva más los jueves. Con “llevarse” se refiere al “llevaytrae” del régimen de visita. Como quien lleva un paquete, un kilo de papas, una caja de pochoclos. En común tenemos dos cajas de pochoclos que él “lleva o trae” según su humor. Como ahora está ofendido, las cajas de pochoclos los jueves se quedan conmigo. Y casi todos los fines de semana. Yo le digo que no se preocupe, que si no quiere verlos que no los vea. Que se maneje. Que lleve y traiga como más le guste. O que no lleve más. Que haga lo que quiera. Y que se vaya a la reputa que lo parió. Eso último no lo digo, sólo lo pienso. Y no lo digo para que después no me venga, o mejor dicho no le vaya a la jueza con que yo lo insulto. Él está ofendido, cuando se ofende se va todo al demonio. Yo me indigno cuando veo en la tele que las hermanitas no sé cuánto fueron a tribunales porque las trillizas no sé qué les dijeron putas. Y pienso qué desperdicio utilizar un órgano del Estado para que todas estas forras faloperas se peleen y se retracten a diestra y siniestra. La justicia no puede perder tiempo con estas pavadas. Sin embargo las hermanitas, las trillizas, Luis Ventura y tantos otros van a tribunales más que yo al supermercado. El padre de mis hijos -que no es vedette ni periodista- suele también denunciarme, le pone una energía bárbara, lo hace en el juzgado de familia. Siempre me amenaza y dice: “ahora voy al abogado y voy con todo”. En su fantasía, el “voy con todo” implica que me va a ganar. Yo no sé muy bien a qué ni con quién está jugando, pero para él ganar es, por ejemplo, que me desalojen (¡pero yo vivo con los pochoclos! ¡Si me echan a mí, también echan a los pochoclos a la calle!). Siempre denuncia cosas que no pasaron, que no son probables, que no tienen sentido. Lo hace para “embarrar el expediente” dice tranquilizándome mi abogada. A mí no me tranquiliza para nada, pero ella dice que no me preocupe. Por ejemplo, un día denunció que yo no veía a mis hijos, que le había cedido la tenencia. Además de que no era cierto en absoluto, presentó la denuncia unos días antes de irse Madrid, de vacaciones. Él estaba en España, mis hijos conmigo, en Argentina. Pero un papelito en el expediente dice que los abandoné. Me resulta tan injusto. Yo le pregunté con un dejo de desesperación a la jueza si esto queda así nomás, si él dice semejante barbaridad y eso no le genera ningún costo. ¿Uno puede ir y decir cualquier cosa? La jueza me dijo que sí, que es un derecho que tiene. Tiene derecho a decir cualquier cosa. Él va, dice cualquier cosa y yo voy atrás, y doy explicaciones. Por suerte siempre la jueza considera que lo que yo digo es cierto. Pero igual tengo que ir a explicar. Yo no le hago nada: no le digo, no lo mido, no lo miro, no lo escucho, no lo llamo, no le escribo, no le muestro, no le pido, no le cuento, no le saco, no le pongo. No, nada. Supongo que eso es lo que realmente lo altera. Soy la ex mujer que todo ex marido quisiera tener. Él no puede verlo, ni valorarlo, ni aprovecharlo, ni nada. No puede porque está ofendido. Mientras tanto, me remito a cuidar y querer a mis hijos, a darles todo lo que esté al alcance de mí para que sean felices, y a tratar de ser feliz yo también, aunque él intente día a día soslayar mis buenos deseos. Algunas veces me lima un poco la alegría, me la deja finita y suave, por suerte están mis pochoclos extra azucarados a los que no llevo ni traigo. Y me los como a besos.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El entorno de Cristina y mi tía re gorila

Mi tía es re gorila. La ve a Cristina en la tele y la putea, si el fútbol es gratis, la putea porque es gratis, si es pago, porque es pago. Un día la escuché puteándola porque Gimnasia no ganaba. Esta Cristina y la c .. de su madre y la p ... que la re mil parió, nos vamos a ir al descenso por culpa tuya, gritaba mi tía. Todo lo malo que sucede es por culpa de Cristina. Cuando era el Munidial de fútbol lo puteaba a Maradona, pero más la puteaba a Cristina porque Messi era "un blandito".
Pero el otro día me dijo mi tía que Cristina no es tan yegua, que el problema de Cristina es el entorno, "este Luis Vuitón la está hundiendo, querida, la está hundiendo".

lunes, 30 de agosto de 2010

Una cuestión estadística

La senorita de Delfina se ofendió porque yo le pedi que no me dijera más "mami", ella dice que no es falsa conmigo como yo le he dicho, sino que no sabe mi nombre. Claro le dije, ya sé que no sabés cómo me llamo, lo curioso es que si ya pasaron 7 meses completos de clases, y los 10 chicos que tenés en la sala vienen al jardin 22 días al mes, al menos vinieron 140 veces este año. Si a eso le sumás que soy yo quien la trae y la viene a buscar, te da que me viste, de mínima, 280 veces este año. Así y todo no sabés cómo me llamo. Pero bueno, no te preocupes, es sólo una estadística. Bueno mami, disculpame me dijo. Le di un beso y me fui. Qué otra cosa pudiera hacer.

martes, 17 de agosto de 2010

Después no entendemos por qué la juventud está perdida. Es culpa de las maestras jardineras

Esta tarde, cuando retiré a Delfina del Jardín, me disculpé con la maestra por las manchas de colores en su pintor. Le comenté que le había comprado acrílicos y que se había entusiasmado pintando todo, incluso la ropa que llevaba puesta. No sale, le dije. No te preocupes mami, respondió la maestra argumentando que eso generaba bla bla bla en la motricidad de los niños y no sé cuántas cosas más. Ya va a pintar un cuadro, me dice, yo le comento que ya tiene dos, que junto con los acrílicos llevé unos bastidores para que experimentara.
La maestra contenta le dice a Delfina, que todavía no cumple 3: entonces vas a ser pintora! y me comenta a mí "mirá cuando la veamos en la tele". Me desconcertó el comentario, no entendí bien la relación entre la pintura y la tele pero estoy segura de que ella supone que al éxito lo pasan por TV, vaya a saber uno a qué hora. Y pensar que mi hija pasará en su vida más horas escolarizada que conmigo. Otra generación perdida, no se puede hacer nada. Ojalá de grande llegue a ser Emo.

miércoles, 7 de julio de 2010

Lenguaje de tránsito

Mirá mamá, me pongo en tu asiento y manejo. Brummm brummm. pi pi pi pi. frrrrr frrrr pi pi pi. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Andá boludo, pelotudo, ¿adonde vas? boludo. Dale, dale, dale, arrancá. Por diosssss, que boludo.
¿Viste mamá? soy una mamá que maneja.

viernes, 2 de julio de 2010

Un consejo útil para padres no tanto

Matías va al Jardín con Delfina, es un nene muy especial, tan sensible que luego de seis meses de clases todavía llora. Hoy, cuando entré a la salita y colgué en el perchero la bolsa de Delfina, leí que no se llama Matías, sino Mathías. Ahí radica el problema central de Matías, que no es Matías sino Mathías. Un sinsentido. Es como querer que tu hijo sea común pero especial, entonces le ponés una hache en el medio. Una hache que molesta, como el pobre Mathías.

Si vos querés que tu hijo sea interesante y único tenés que hacer como mi amiga Chily, que en lugar de ponerle Agusthin, o Mathías para que sea igual a todos pero con un toque de distinción, agarró y le puso Branco. Y cuando llegó al Registro para inscribirlo dobló la apuesta, y le dijo a la empleada “ponele Branco pero con K, yo soy re oficialista y me la banco”.

Mi amiga Chily jamás le pondría Mathías a su hijo; porque ella sí es especial y se la re banca, entonces agarra y le pone Branko. Qué fenómena mi amiga Chily.

jueves, 24 de junio de 2010

No me robó a mí. Le robó a Néstor y a Cristina

La chica que trabajaba en casa me cayó super bien, al menos la primera semana que nos acompañó. Era piola. Me llamó la atención que nos robara el sueldo entero luego de unos pocos días de trabajo, sobre todo porque su madre me la había recomendado diciendo: "es de absoluta confianza, como yo".
Luego de que la despidiéramos yo me puse a pensar en cómo la habíamos recibido y tratado, y no veía motivos que justificaran su accionar. Repasé lo que habíamos hecho el día que llegó a casa.
Cuando Delfi se levanta toma una mema, mira unos dibujitos y si no sabe bien qué hacer grita "Viva Perón, carajo" y casi siempre me pide que le cante "la de Perón", entonces agarra ella una pandereta, hace como si fuese un redoblante y cantamos "Perón Perón que grande sos / mi General cuanto valés", despúes me pide Piñon Fijo y el día sigue su curso.
Así la recibimos a Mariela la mañana que llegó. A mí me causó gracia y ternura, como siempre. La recibimos así y con la calco de Kirchner - Pasini en la puerta de la heladera, y la de "Futbol para todos", entre otras cosas.
Resulta que Mariela es militante de una agrupación anti K en la Facultad de Ciencias Exactas. Y parece que desde que llegó a casa tomó su trabajo como una venganza hacia el gobierno. Luego me enteré de que lo que robó no se lo quedó ella; parece que con mi sueldo bancaron un bondi que salió para Rosario a un encuentro regional de activistas antiimperialistas.